Qué ver en Lyon en dos días: ruta fácil por lo mejor de la ciudad

Lyon es una ciudad perfecta para descubrir en una escapada corta. Combina historia, arquitectura, arte y espacios verdes. Esta ruta de dos días está pensada para recorrer sus lugares más importantes sin prisas. Verás barrios antiguos, monumentos religiosos, ruinas romanas, plazas emblemáticas y un gran parque urbano.

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Esta es la ruta que yo te propongo, pero en este enlace puedes encontrar todos mis posts sobre Lyon y adaptarla a tus intereses. 

Empieza la visita en la Plaza Bellecour, el centro geográfico de la ciudad. Es un buen punto de partida y está muy bien comunicada. Desde aquí puedes ir caminando hacia el barrio antiguo.

Cruza el río y adéntrate en el Vieux Lyon, el casco medieval. Sus calles empedradas y edificios renacentistas muestran el pasado comercial de la ciudad. Aprovecha para entrar en la Catedral de San Juan, que mezcla estilos románico y gótico y tiene un reloj astronómico muy curioso.

Después sube a la colina de Fourvière. Puedes hacerlo en funicular desde el Vieux Lyon para ahorrar tiempo y fuerzas. En lo alto se alza la Basílica de Notre-Dame de Fourvière, uno de los símbolos de la ciudad. Desde su explanada hay unas vistas panorámicas impresionantes de Lyon.

Muy cerca están el Teatro romano de Lyon y el Odéon romano de Lyon. Son restos de la antigua Lugdunum, fundada por los romanos. Aquí termina el primer día.

Empieza el segundo día en la Plaza des Terreaux, una de las más animadas de Lyon. Destaca su fuente monumental y el edificio del Ayuntamiento, que domina un lado de la plaza. Muy cerca está la Ópera de Lyon, con su diseño moderno que contrasta con la arquitectura histórica del centro.

Aprovecha para hacer una visita breve al Museo de Bellas Artes de Lyon, que está justo en la plaza. Con una hora es suficiente para recorrer sus salas principales y ver obras de artistas europeos de distintas épocas. Es uno de los museos más importantes de Francia y merece la pena dedicarle un rato.

Después, dirígete al Parc de la Tête d’Or. Es el pulmón verde de la ciudad y el lugar ideal para cerrar tu visita con calma. Puedes pasear junto al lago, recorrer sus caminos sombreados o descansar en sus jardines. Es un entorno perfecto para relajarte tras dos días intensos de turismo urbano.

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