Visitar la Casa de Ana Frank en Ámsterdam no es fácil. Es una experiencia dura y silenciosa, pero imprescindible para comprender la historia europea. No es un museo más, aquí la historia golpea y obliga a pensar, más aún si has leído alguna vez su diario.
Cada una de las habitaciones transmite miedo, espera y, aunque no lo parezca, esperanza. Aquí se entiende cómo Ana y el resto de personas que la acompañaron vivieron escondidos más de dos años. También pone en valor la solidaridad de quienes les ayudaron a pesar de todo. La visita deja el corazón encogido, pero enseña cómo era la vida durante la ocupación alemana.
En este post te explico cómo visitar la Casa de Ana Frank: entradas, horarios y consejos para organizar la visita con respeto.
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Horario
Abre todos los días de 9 a 22h. Puedes consultar aquí los días en los que el horario sufre modificaciones.
Precio
La entrada a la Casa de Ana Frank solo se puede comprar por internet. Es obligatorio elegir un día y una hora concreta para la visita. No se venden entradas en la puerta del museo.
Las entradas son personales. Solo son válidas para la fecha, la hora y el nombre indicados en la compra. No se pueden cambiar ni devolver una vez confirmadas.
Cada martes a las 10:00 de la mañana, hora de Europa Central, se ponen a la venta las entradas para visitar el museo seis semanas después. Si en la fecha elegida no aparecen entradas disponibles, significa que están agotadas. Se adquieren en este enlace.
- General: 16.50€
- De 10 a 17 años y EYC: 7€
- De 0 a 9 años, Museumkaart e ICOM: 1€
A todos los precios se les sumará 1€ por costos de reserva.
Quién fue Ana Frank
Ana Frank fue una niña judía nacida en Alemania en 1929. Su familia se trasladó a Ámsterdam cuando ella era pequeña para huir de la persecución nazi.
Con la ocupación alemana de los Países Bajos, la situación se volvió cada vez más peligrosa para los judíos. En 1942, la familia Frank decidió esconderse en unas dependencias ocultas tras la oficina del padre.
Ana tenía 13 años cuando comenzó a escribir un diario. En él contaba su vida en el escondite, sus miedos, sus pensamientos y sus sueños. También hablaba de la convivencia y de cómo pasaban los días sin poder salir.
En agosto de 1944, el escondite fue descubierto. Ana y las demás personas que se ocultaban allí fueron detenidas y deportadas a campos de concentración.
Ana murió en el campo de Bergen-Belsen en 1945, poco antes de que terminara la guerra. Tenía solo 15 años.
Tras la guerra, su padre encontró el diario y decidió publicarlo. Con el tiempo se convirtió en uno de los testimonios más importantes del Holocausto.
Hoy, la historia de Ana Frank es un símbolo de la persecución nazi y de la importancia de mantener viva la memoria histórica.

La historia de la Casa de Atrás
La Casa de atrás es el lugar donde Ana Frank y otras siete personas se escondieron durante más de dos años. Se encuentra en un edificio de la calle Prinsengracht, junto a uno de los canales de Ámsterdam.
El edificio se construyó en el siglo XVII. Tenía una casa principal orientada al canal y una construcción trasera separada. Esta parte posterior era menos visible desde el exterior y quedaba oculta tras el edificio principal.
En 1940, Otto Frank alquiló todo el inmueble para su empresa. La planta baja se usaba como almacén y oficinas. La parte trasera quedó apartada del movimiento diario y resultó adecuada como escondite.
En 1942, el acceso a la Casa de atrás se ocultó tras una estantería giratoria. Desde el exterior no se podía ver nada. Solo las personas que ayudaban a los escondidos conocían la entrada.
Durante más de dos años, las ocho personas vivieron allí en silencio y con miedo constante. No podían hacer ruido durante el día y dependían de la ayuda exterior para sobrevivir.
Tras la guerra, el edificio estuvo a punto de ser demolido. Gracias al interés por la historia de Ana Frank, se decidió conservarlo. En 1960 se abrió al público como museo, manteniendo la Casa de atrás como lugar de memoria.
El museo de la Casa de Ana Frank
La Casa de Ana Frank funciona hoy como un museo dedicado a explicar su historia y la de las personas que se escondieron allí. La visita se centra en el propio edificio y en los hechos que ocurrieron durante la Segunda Guerra Mundial.
En las primeras salas se muestra el contexto histórico. Hay fotografías, documentos y paneles que ayudan a entender la ocupación nazi y la persecución de la población judía en los Países Bajos.
A lo largo del recorrido aparecen objetos originales y testimonios que explican cómo era la vida antes y durante el escondite. Todo se presenta de forma clara y sin artificios, con un tono respetuoso.
Uno de los espacios más emotivos es la zona donde se expone el diario original de Ana Frank. También se pueden ver detalles como las marcas en la pared donde se anotaba el crecimiento de Ana y su hermana.
La Casa de atrás se conserva sin muebles. Así lo decidió Otto Frank para que el espacio hablara por sí solo. Las habitaciones vacías ayudan a imaginar cómo era vivir oculto durante tanto tiempo.
Además de la exposición permanente, el museo suele incluir muestras temporales. Estas amplían la historia y ayudan a reflexionar sobre la memoria, la libertad y los derechos humanos.
La visita no es solo un recorrido por una casa histórica. Es una experiencia educativa que invita a pensar y a no olvidar lo ocurrido.

