Granadilla no es solo un lugar detenido en el tiempo, lo está de verdad. Este pequeño pueblo del norte de Cáceres fue desalojado a mediados del siglo XX, pero ha conservado intacta su alma. Hoy puedes caminar por sus calles vacías, subir a su castillo y sentir que el pasado sigue muy vivo. Tal vez, como me pasó a mí, llegaste a conocerlo en un campamento cuando eras adolescente. En este post te cuento cómo visitarlo y por qué sigue siendo tan especial para mí años después.
Dónde está y cómo llegar a Granadilla
Granadilla está en el norte de la provincia de Cáceres, dentro de la comunidad autónoma de Extremadura. Pertenece al municipio de Zarza de Granadilla, en la comarca de Tierras de Granadilla. Se encuentra junto al embalse de Gabriel y Galán.
Así puedes llegar desde diferentes puntos de la península:
- Desde el norte (Salamanca, León, Asturias): por la A-66. Salida 442 hacia Zarza de Granadilla.
- Desde el sur (Sevilla, Mérida): por la A-66 hacia el norte. Misma salida, la 442.
- Desde el este (Madrid, Toledo, Albacete): por la A-5 hasta Navalmoral. Luego EX-A1 hasta Plasencia. Finalmente A-66 hacia el norte y salida 442.
- Desde Portugal (Castelo Branco, Guarda): por la A-23 hasta España. Luego A-66 desde Plasencia, misma salida 442.
Una vez llegues a Zarza de Granadilla, sigue los carteles. El acceso final es por una carretera estrecha. Hay un aparcamiento gratuito justo a la entrada del pueblo.
Horario
- Abril a octubre: de 10 a 13:30h. y de 16 a 20h.
- Noviembre a marzo: de 10 a 13:30h. y de 16 a 18h.
Cerrado los lunes.
La entrada es libre y gratuita, sin reserva previa.
Historia de Granadilla
Granadilla tiene más de mil años de historia. Se fundó en el siglo IX, durante la ocupación musulmana. Estaba en un lugar estratégico, junto a la antigua calzada romana conocida como la Vía de la Plata. Por eso fue un punto clave en la defensa del territorio.
En el siglo XII, el rey Fernando II de León la reconquistó. A partir de ahí, se convirtió en una villa amurallada con gran relevancia en la región. Durante la Edad Media tuvo fuero propio, mercado y bastante actividad comercial. Con el tiempo, pasó por manos de varias familias nobles.
En el siglo XV, la villa pasó a ser señorío del Duque de Alba, título que ostentaba la influyente familia Álvarez de Toledo. Bajo su dominio se construyó el castillo que todavía se puede visitar. Desde entonces, Granadilla vivió una larga etapa de prosperidad. Fue incluso cabeza de partido judicial durante siglos.
Todo cambió en 1955. El Estado declaró la zona de utilidad pública para construir el embalse de Gabriel y Galán. Aunque las aguas nunca llegaron a inundar el casco urbano, Granadilla fue expropiada. Los vecinos tuvieron que marcharse. La última familia abandonó el pueblo en los años 60.
Durante décadas, Granadilla quedó vacía, convertida en un pueblo fantasma. Pero a partir de los años 80, el Ministerio de Educación la incluyó en un programa para recuperar pueblos abandonados. Gracias a ello, estudiantes y voluntarios comenzaron a restaurar casas y espacios comunes.
Hoy, aunque nadie viva allí, Granadilla vuelve a tener vida. Se puede visitar, recorrer y aprender de su historia. Es un ejemplo de cómo un lugar puede renacer sin olvidar su pasado.
Paseando por Granadilla
Una muralla circular rodea todo el pueblo. Es de origen almohade y está muy bien conservada. Puedes recorrerla casi por completo y disfrutar de las vistas al embalse. Te lo recomiendo sin dudar. De hecho, probablemente es lo primero que haría al llegar.
Pasea por sus calles empedradas. Verás casas restauradas y otras aún en ruinas. Todo tiene un aire nostálgico. Algunas viviendas han sido rehabilitadas por estudiantes dentro del programa educativo. En mi caso, como te contaba al principio, participé en este proyecto durante mi adolescencia. Nos encargábamos de cultivar los huertos, cuidar a los animales y hacer tareas cotidianas, como si fuéramos habitantes del pueblo. Una experiencia muy enriquecedora.
Durante el paseo, no te pierdas la iglesia de la Asunción, si puedes entrar. Fue la parroquia del pueblo y aún conserva su forma original. Cuando estuve allí, no pude visitarla por dentro, ya que estaban realizando obras en varios puntos del casco urbano, y este fue uno de ellos.
Y no olvides subir al castillo, que verás justo a la entrada. Fue construido en el siglo XV por orden del Duque de Alba. Se levanta en el punto más alto de la villa. Tiene torreones y unas vistas espectaculares. Sube hasta la cima y disfruta del paisaje. Es, sin duda, el broche final perfecto para tu visita a Granadilla.













