Medina de Rioseco no es solo otra villa castellana; es el testimonio vivo de un pasado de esplendor comercial y poderío estratégico. Durante siglos, su ubicación privilegiada la erigió como un centro neurálgico para el comercio, atrayendo a mercaderes de toda la península y dando forma a la identidad que aún hoy respira en sus plazas y soportales. Si buscas entender la historia de Valladolid a través de su arquitectura y sus tradiciones, Rioseco es el punto de partida ideal.

En este post te cuento qué ver en Medina de Rioseco e información práctica para que prepares tu visita.

Medina de Rioseco se encuentra en la comunidad autónoma de Castilla y León, al noroeste de la provincia de Valladolid. Forma parte de la comarca natural de Tierra de Campos, una llanura amplia y agrícola muy característica del interior peninsular.

Puedes llegar:

  • desde la cornisa cantábrica: tomar la A-66 hacia León. Desde León debes continuar por la N-601 en dirección Valladolid. Esta carretera te lleva directamente hasta Medina de Rioseco.
  • desde el País Vasco: por la AP-68 hasta enlazar con la A-231 hacia León. Después conecta con la N-601 en dirección Valladolid.
  • desde Madrid: la ruta más rápida es la A-6 hasta Tordesillas. En Tordesillas debes enlazar con la A-62 dirección Valladolid. Después toma la VA-30 o la A-60 y conecta con la N-601 hacia Medina de Rioseco.
  • desde Salamanca: toma la A-62 hacia Valladolid y después enlaza con la N-601.
  • desde Andalucía: por la A-66 hasta Benavente. Luego debes tomar la N-610 y después la N-601.
  • desde Zaragoza: por la A-68 hasta enlazar con la AP-68 o la N-232. Después conecta con la A-231 hacia León y enlaza con la N-601.
  • desde Barcelona: por la AP-2 hasta Zaragoza. Luego sigue el mismo recorrido por la A-231 y la N-601.
  • desde Vigo o A Coruña: la A-6 hacia Benavente. Desde allí continúa por la N-610 y enlaza con la N-601 hasta Medina de Rioseco.

Los primeros restos humanos en estas tierras datan de la Edad del Hierro, mucho antes de que existiera un pueblo organizado. La zona fue habitada por pueblos prerromanos y luego fue un nudo de caminos usado por romanos y pueblos posteriores por su situación en la meseta norte de España.

Durante la Edad Media esta villa se encontraba en un punto de frontera entre los reinos de León y Castilla. Fue repoblada desde el siglo IX y siguió creciendo con los siglos, pasando de ser un simple cruce de caminos a un asentamiento con importancia propia. Su nombre, “Medina”, proviene del término árabe para “ciudad”, lo que indica la mezcla de culturas y el flujo de poblaciones en esta zona.

La primera vez que aparece Medina de Rioseco con nombre propio en documentos oficiales es en una bula papal del año 1116, donde se menciona como núcleo de población. Más tarde, en el siglo XIV, el rey Juan I otorgó a la villa un escudo y los títulos de Muy Noble y Muy Leal.

A partir de 1423 la villa entra en una nueva etapa de su historia. El rey Juan II de Castilla concedió el señorío de Medina de Rioseco a la familia Enríquez, que ostentaba el título de Almirantes de Castilla. Esta familia marcó el destino de la localidad durante más de tres siglos. Bajo su influencia se convirtieron en centro de ferias, mercados y actividades comerciales importantes para la economía de Castilla.

Durante los siglos XV y XVI la ciudad alcanzó su mayor esplendor económico y artístico. Se construyeron iglesias, palacios y edificios señoriales que hoy son parte del patrimonio histórico. Gracias al dinero que llegaba desde América, a través del comercio con Sevilla, la villa fue conocida como “La Ciudad de los mil millonarios”.

En el contexto de las guerras y los conflictos, Medina de Rioseco también tuvo su papel. En 1520, durante la Guerra de las Comunidades, la villa fue lugar de refugio de altos cargos reales debido a su posición estratégica.

Ya en el siglo XVII el rey Felipe IV le concedió oficialmente el título de Ciudad por los servicios que sus instituciones y habitantes prestaron a la Corona.

En 1808 la villa fue escenario de una importante batalla en la Guerra de la Independencia. La batalla de Medina de Rioseco, también llamada batalla del Moclín, enfrentó a las tropas españolas con las francesas. Fue una derrota para los españoles, pero quedó marcada en la memoria colectiva de la ciudad.

En el siglo XIX se lleva a cabo otra obra clave para Medina de Rioseco: la construcción del ramal del Canal de Castilla conocido como Canal de Campos. Este canal de navegación fue fundamental para la revolución industrial en esta zona de Tierra de Campos. La llegada del ferrocarril más adelante también impulsó la actividad industrial y económica de la ciudad, aunque redujo la importancia del canal como vía de transporte.

La iglesia de Santa María de Mediavilla es uno de los grandes símbolos de Medina de Rioseco. Su construcción comenzó a finales del siglo XV. Las obras terminaron en 1516 bajo la dirección de Gaspar de Solórzano.

Por fuera destaca su torre barroca. Es alta y estilizada. Fue diseñada por el arquitecto riosecano Pedro de Sierra. Se eleva sobre la ciudad y marca el perfil del casco histórico.

El interior combina el estilo gótico con las nuevas formas del Renacimiento. La planta se organiza en tres naves. Están separadas por pilares cilíndricos y cubiertas con bóvedas de crucería. Estas bóvedas fueron realizadas por los hermanos Corral de Villalpando en la década de 1520.

En la nave central se encuentra el gran retablo mayor. El diseño inicial fue de Gaspar Becerra. Tras su fallecimiento, en 1573, la obra pasó a manos de Juan de Juni. Él realizó una parte importante del conjunto. Después intervinieron Francisco de Logroño y Pedro de Bolduque. El ensamblaje lo llevó a cabo Gaspar de Umaña. Más tarde, tras la muerte de Juni, Esteban Jordán asumió la dirección. El retablo quedó terminado en 1590. El dorado y la pintura se completaron en 1603 por Pedro de Oña.

En el lado del evangelio se abre la Capilla de los Benavente. 

En el espacio que ocupaba el antiguo coro alto se instaló en 1854 una reja plateresca de Cristóbal Andino. También se trasladó allí la sillería procedente del antiguo convento de San Francisco. Sobre una tribuna, a la derecha de la reja, se alza el órgano barroco. Fue construido en 1732 por Francisco Ortega. Es uno de los elementos más llamativos del interior.

La iglesia conserva además un detalle muy curioso que llama la atención de los visitantes.

En la entrada del templo cuelga un viejo pellejo de caimán. Está suspendido sobre el cancel de madera. Lo más probable es que llegara desde América como exvoto traído por algún indiano.

Sin embargo, en Medina de Rioseco se cuenta otra historia.

Dicen que durante la construcción de la iglesia, el trabajo aparecía destruido cada mañana. Nadie sabía quién causaba los daños. Un día descubrieron al culpable. Según la leyenda, era un enorme cocodrilo que atemorizaba a los vecinos.

Nadie se atrevía a enfrentarse al animal. Las autoridades se reunieron y tomaron una decisión. Ofrecieron la libertad a un preso si lograba acabar con la fiera.

Un hombre aceptó el reto. Ideó un plan ingenioso. Se cubrió con espejos para que el animal viera su propio reflejo. El cocodrilo quedó inmóvil al verse reflejado. En ese momento, el prisionero aprovechó para matarlo con una lanza.

Es una historia popular. Mezcla imaginación y tradición oral. Pero añade un toque diferente a la visita. Cuando entres en la iglesia, no olvides mirar hacia arriba. Allí sigue colgado el recuerdo de esta curiosa leyenda riosecana.

La Capilla de los Benavente fue mandada construir por Álvaro de Benavente en 1544. Se ubica en el espacio que ocupaba la antigua sacristía de la iglesia. Es uno de los grandes ejemplos del Renacimiento en Medina de Rioseco.

Aunque forma parte del templo principal, funciona casi como una iglesia independiente. Cuenta con su propio retablo, coro, tribuna y sacristía. También conserva relicarios y varios elementos litúrgicos propios.

Fue concebida como panteón familiar. Al mismo tiempo, se dedicó a la alabanza de la Virgen. Esa doble función explica su riqueza artística y simbólica.

Las obras fueron realizadas por Juan y Jerónimo del Corral. Se encargaron tanto de la arquitectura como de la decoración. El interior destaca por sus estucos policromados y dorados. Siguen un estilo inspirado en modelos italianos, con figuras y motivos muy expresivos.

El suelo combina ladrillo y azulejo. Este detalle aporta color y refuerza el carácter cuidado del conjunto.

El retablo es una de sus piezas más importantes. Es obra de Juan de Juni y responde al estilo manierista. A través de cinco relieves narra distintos momentos de la vida de la Virgen. Las escenas tienen movimiento y profundidad.

En el interior se conservan tres sepulcros destacados. Albergan los restos de seis miembros de la familia. Las figuras yacentes están trabajadas con gran detalle y muestran la importancia social del linaje.

La capilla se cierra con una reja firmada por Francisco Martínez. Es una pieza de gran calidad. Marca la separación con el resto del templo y refuerza la sensación de espacio propio.

La iglesia de Santiago comenzó a construirse en 1533. El proyecto siguió el estilo gótico de la época. La dirección estuvo a cargo de Rodrigo Gil de Hontañón, uno de los arquitectos más importantes del siglo XVI en Castilla.

El templo tiene planta de salón. Esto significa que sus tres naves alcanzan casi la misma altura. Esta solución crea un interior amplio y luminoso.

A lo largo del tiempo se fueron incorporando distintos estilos. Por eso hoy combina elementos góticos, platerescos, clasicistas y barrocos. Esa mezcla refleja las distintas fases de su construcción.

El exterior se reconoce por sus tres portadas. La puerta del mediodía es de estilo plateresco. Fue realizada por Miguel de Espinosa. Cuenta con un pequeño atrio que suaviza la entrada al templo. La portada norte responde al gótico flamígero. Sigue la traza marcada por Rodrigo Gil de Hontañón. Destaca por su decoración más elaborada. La portada principal es clasicista. Fue diseñada por Alonso de Tolosa. Presenta una composición más sobria y ordenada.

En el interior sobresale el retablo mayor de la capilla principal. Es una obra barroca de estilo churrigueresco. El diseño se atribuye a Joaquín de Churriguera. La ejecución corrió a cargo del escultor riosecano Tomás de Sierra. El retablo se centra en la vida y la leyenda del apóstol Santiago. Las escenas muestran movimiento y abundancia decorativa, propias del barroco más expresivo.

Las bóvedas de las tres naves fueron realizadas en el siglo XVII por Felipe Berrojo. Tienen una estructura elegante y proporcionada que refuerza la sensación de amplitud.

En la sacristía se conservan piezas de gran interés. Destaca el Cristo de la Clemencia, obra de Pedro Bolduque. También llama la atención la bóveda de crucería, vinculada a Gil de Hontañón. Dentro de la sacristía hay una pequeña sala que alberga la capilla de la Vera Cruz, del siglo XVII. Conserva frescos barrocos con gran colorido y notable calidad artística.

La iglesia fue declarada Monumento Histórico-Artístico en 1964. Es uno de los templos más importantes de Medina de Rioseco y una parada imprescindible para quienes buscan patrimonio histórico y artístico en Castilla y León.

El Museo de San Francisco ocupa el antiguo convento franciscano de la villa. Fue fundado por la familia Enríquez, Almirantes de Castilla. El edificio se levantó junto al camino de ronda de la antigua muralla.

La construcción comenzó en 1491. Terminó en 1520, algo poco habitual en esa época. En las obras participó Juan Gil de Hontañón. La dirección corrió a cargo del arquitecto Rodrigo de Astudillo.

El templo, que fue iglesia conventual, responde al estilo gótico final. Tiene una sola nave amplia. Está cubierta por bóvedas estrelladas de estilo isabelino. Entre los contrafuertes se abren capillas laterales. A los pies se sitúa el coro alto. El espacio es sobrio, pero muy armonioso.

En su interior destacan dos retablos platerescos realizados en piedra. Este material no era frecuente en este tipo de obras. Ambos fueron tallados por Miguel de Espinosa en el siglo XVI.

El museo conserva también piezas de gran valor artístico. Llaman la atención las estatuas en bronce de doña Ana y doña Isabel de Cabrera. Fueron realizadas por Cristóbal de Andino en 1532. Representan a la esposa y a la cuñada del almirante Fadrique Enríquez.

Otro elemento destacado son las tribunas de órgano platerescas. Están realizadas en yeso y fueron ejecutadas en 1536 por los hermanos del Corral.

La colección de platería es uno de los grandes atractivos del museo. Su pieza más importante es la custodia procesional de Antonio de Arfe, realizada en el siglo XVI. Es una obra de gran calidad y detalle.

Hoy el antiguo convento se ha convertido en un espacio expositivo. Permite conocer de cerca el patrimonio artístico vinculado a la familia Enríquez y a la historia religiosa de Medina de Rioseco. Es una visita imprescindible para quienes buscan arte y arquitectura del Renacimiento en Castilla y León.

El Museo de Semana Santa se ubica en la iglesia de Santa Cruz. Desde 2020 este templo alberga de forma permanente la colección. El edificio reúne buenas condiciones para la visita durante todo el año.

La iglesia es de estilo herreriano y data de finales del siglo XVI. Fue construida siguiendo las trazas de Felipe de la Cajiga. El interior presenta una amplia nave central y capillas entre los contrafuertes. Las bóvedas barrocas fueron decoradas por Felipe Berrojo.

El museo conserva una importante colección de pasos procesionales. Hay obras desde el siglo XV hasta el siglo XX. Muchas piezas pertenecen a imagineros castellanos de gran prestigio, como Juan de Juni o Gregorio Fernández, así como a sus talleres y escuelas.

La exposición ocupa unos 1.500 metros cuadrados. Se organiza en varias áreas relacionadas entre sí. Paneles, fotografías y vídeos ayudan a comprender mejor cada espacio.

El museo dedica un espacio a la trascendencia de la Semana Santa en la vida local. Esta tradición no se limita a unos días al año. Forma parte del lenguaje, de las conversaciones y de la identidad de los vecinos.

El Museo de Semana Santa de Medina de Rioseco es único en la provincia de Valladolid con estas características. Además, la Semana Santa de la ciudad está declarada de Interés Turístico Internacional. Es una de las celebraciones más importantes de Castilla y León.

El Centro de Interpretación de la Ciudad “Arco de Ajujar” se sitúa junto a la puerta más antigua de la antigua muralla. El edificio ocupa un lugar con gran valor histórico. Desde aquí se entiende mejor el pasado defensivo de la villa.

El espacio está pensado para introducir al visitante en la historia de Medina de Rioseco. El recorrido se organiza en varias salas. Cada una aborda un aspecto distinto de la evolución de la ciudad.

Por un lado, se explica el desarrollo histórico desde sus orígenes. Se repasan los momentos clave que marcaron su crecimiento. También se ofrece información sobre los principales monumentos y episodios relevantes. Por otro lado, el centro ayuda a comprender la identidad local. Se habla del almirantazgo y del papel de la familia Enríquez. Se recuerdan las ferias y mercados que dieron fama a la ciudad. También se abordan sus tradiciones y celebraciones religiosas.

El visitante encontrará paneles explicativos y recursos audiovisuales. Hay vídeos interactivos que facilitan la comprensión de cada etapa histórica. El contenido es claro y didáctico.

El Centro de Interpretación es una visita muy recomendable al inicio del recorrido por Medina de Rioseco. Permite entender mejor lo que después se ve en sus calles, iglesias y plazas. Es una forma sencilla y clara de situarse en la historia de la ciudad.

El Convento de Santa Clara de Medina de Rioseco fue una institución religiosa de gran antigüedad en la villa. Nació a partir de un beaterio de mujeres que se organizó como comunidad religiosa y, en 1491, una bula del papa Inocencio VIII les otorgó la regla franciscana, convirtiéndose oficialmente en monjas clarisas bajo la protección de la familia Enríquez de Velasco, almirantes de Castilla.

Al principio se asentaron en varias casas de la villa, incluidas antiguas viviendas de judíos expulsados, y posteriormente se trasladaron a su ubicación definitiva a comienzos del siglo XVI junto al camino de Valladolid, al otro lado del río Sequillo.

Durante siglos el convento funcionó como centro espiritual y comunitario. A lo largo de su historia vivió momentos de prosperidad, pero también sufrió las dificultades propias de las épocas de guerra y cambios sociales. Durante el siglo XIX, como muchas instituciones religiosas de entonces, sufrió los efectos de la ocupación francesa y posteriores crisis. En el siglo XX el edificio afrontó problemas económicos y, en 1980, fue dañado por un incendio.

En tiempos recientes, tras la marcha de las últimas monjas que vivieron allí durante más de cinco siglos, el convento ha tenido periodos de apertura y cierre, con nuevas comunidades religiosas intentando revitalizar la vida del cenobio.

El conjunto, de estructura sencilla, refleja la importancia de las órdenes femeninas en la vida religiosa y social de Medina de Rioseco desde finales del siglo XV hasta nuestros días. 

La iglesia de San Pedro Mártir es un templo que formaba parte del antiguo convento dominico de Medina de Rioseco. Solo se conserva la iglesia, que hoy sigue teniendo uso litúrgico en invierno para algunos actos religiosos de la ciudad.

Es una construcción sencilla y funcional, de una sola nave, sin grandes adornos ni complejas estructuras. Esto explica por qué muchos visitantes la describen como austera y de interés más local que turístico.

El templo pertenece al período en el que la orden dominicana estuvo presente en Rioseco. Aunque no tiene el mismo atractivo artístico que otras iglesias de la ciudad, forma parte del conjunto religioso histórico que incluye también antiguos conventos y espacios monacales.

El Convento de San José de Medina de Rioseco es uno de los edificios religiosos más notables de la ciudad. Fue fundado a finales del siglo XVI por encargo de María de la Fuente, una mujer adinerada que dejó todos sus bienes para crear este monasterio para las Carmelitas Descalzas.

El edificio tiene un estilo barroco elegante, con planta de iglesia en forma de cruz latina y una sola nave. La iglesia destaca por sus retablos policromados, especialmente el retablo mayor y el retablo del evangelio, donde figuran tallas de santos como Santa Teresa, Santa Victoria o San Francisco, obra del pintor y escultor Felipe Gil de Mena.

La fundación de este convento fue un acto importante para las Carmelitas Descalzas en Castilla. María de la Fuente quiso ser enterrada aquí junto a su esposo y sus padres, y su escudo figura sobre la lápida en el centro de la capilla mayor.

El interior conserva obras de arte devocional y esculturas de gran calidad. Las tallas y los elementos decorativos reflejan el gusto artístico del barroco castellano de la época.

La Calle Mayor, llamada también Calle de la Rúa, es la vía principal del casco histórico de Medina de Rioseco. Es el corazón de la ciudad y el eje por el que discurren la vida social y comercial desde hace siglos.

Esta calle fue, desde antiguo, el camino principal que atravesaba la villa. Unía puertas de la muralla medieval y conectaba zonas importantes del interior urbano. A lo largo de su historia se conoció con distintos nombres, pero siempre ha sido el centro neurálgico de la vida local.

La arquitectura popular de la Rúa es un ejemplo claro del estilo tradicional de Tierra de Campos. Sus casas conservan soportales con pilares de madera o piedra, que en su día acogían puestos de comercio durante las ferias y mercados. Estos soportales protegían a comerciantes y transeúntes del sol y la lluvia, y aún hoy invitan al paseo.

Además de su valor histórico y arquitectónico, la Rúa sigue siendo el punto de encuentro para locales y visitantes. Por la noche se convierte en un lugar animado donde sentarse en una terraza y disfrutar del ambiente del centro.

Medina de Rioseco fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1965. En la Edad Media estuvo rodeada por una muralla completa. El recinto contaba con ocho puertas principales y seis postigos.

Hoy solo se conservan tres puertas y algunos tramos del antiguo lienzo de muralla. A lo largo de los siglos han sido restaurados y modificados. Un ejemplo es el muro norte del actual Museo de San Francisco, que formó parte de la muralla medieval original.

Estas puertas no solo tenían función defensiva. También servían para controlar el acceso de personas y mercancías. Eran puntos clave en la vida económica de la ciudad.

La Puerta de Ajújar es la más antigua que se conserva. Fue levantada en el siglo XIII como torre-puerta defensiva. Desde aquí partía el camino que comunicaba Rioseco con Palencia.

Aún pueden verse elementos originales. Se conservan las ménsulas que sostenían los matacanes y la ranura por la que bajaba el rastrillo. También permanece el dintel de madera donde encajaba el portón.

En el interior se aprecia una techumbre mudéjar, hoy cubierta por una capa de yeso. También se mantiene la escalera que permitía subir al adarve. Es uno de los mejores lugares para imaginar la ciudad medieval.

La Puerta de Zamora se construyó en el siglo XVI. Se levantó en el mismo lugar donde existía una puerta anterior del siglo XIII. Está situada frente al antiguo camino de Toro.

Tiene planta cuadrada y cuatro arcos de medio punto. Sobre ellos se eleva un pequeño cuerpo de ladrillo con forma de torre.

En el piso superior se encuentra la capilla de la cofradía de Nuestra Señora de las Nieves. En su interior se conserva un retablo barroco fechado en 1740. Esta combinación de puerta y espacio religioso es poco habitual.

La Puerta de San Sebastián se realizó a mediados del siglo XVI. Así lo indica la inscripción “Populos faciebat 1550”. No formaba parte del recinto medieval original.

Sustituyó a la antigua Puerta de San Miguel. Se sitúa en la salida hacia Tamariz y Villalón. Su función principal estaba relacionada con el cobro de tasas y el control del comercio.

Presenta dos arcos carpaneles. Sobre ellos puede verse el escudo del almirante Luis Enríquez, acompañado por dos escudos de la ciudad. 

En su interior alberga la capilla de la cofradía del Cristo de las Puertas. De nuevo, la mezcla de función defensiva y religiosa define el carácter de estas construcciones.

El Canal de Castilla es una de las grandes obras de ingeniería de España. Fue construido entre los siglos XVIII y XIX para transportar trigo, lana y otros productos desde el interior hacia los puertos del norte. En Medina de Rioseco, el canal forma una dársena amplia, la más grande de todo su recorrido, que funcionaba como puerto interior. A lo largo de la orilla se levantaron almacenes, muelles y talleres que sostenían la actividad comercial.

El canal también ofrece un entorno natural interesante. Sus márgenes permiten recorrer rutas a pie o en bicicleta por el camino de sirga, que conecta con pueblos cercanos. Además, es un hábitat de aves acuáticas y flora típica de la ribera, lo que combina patrimonio industrial con naturaleza.

Junto a la dársena se encuentra el Centro de Recepción de Viajeros del Canal. Este espacio permite entender la historia de la obra y su impacto en Medina de Rioseco. Cuenta con exposiciones interactivas, paneles explicativos y maquetas de gran detalle. Los visitantes pueden descubrir cómo se desarrollaron los mercados, ferias y actividades económicas ligadas al canal, así como hechos históricos relacionados con la ciudad.

Desde el centro es posible embarcar en el barco turístico “Antonio de Ulloa, que recorre el canal y ofrece otra perspectiva del paisaje y de los monumentos históricos a lo largo de sus orillas.

Muy cerca de la dársena se encuentra la fábrica de harinas San Antonio, un edificio del siglo XIX que aprovecha la fuerza del agua del canal para moler cereales. Conserva maquinaria original y muestra cómo funcionaba la industria harinera vinculada al Canal de Castilla. Es un ejemplo perfecto del patrimonio industrial de Medina de Rioseco y de la importancia del canal en la economía de la región.

La visita a la harinera permite ver de cerca el proceso tradicional de molienda y entender la relación entre ingeniería hidráulica y producción agrícola. Es un espacio didáctico y visual, que complementa la experiencia de recorrer el canal y sus alrededores.

El Parque Duque de Osuna, conocido también como “El Paseo”, es uno de los espacios más apreciados de Medina de Rioseco. Su origen está ligado a la intervención humana y ha experimentado varias transformaciones a lo largo del tiempo.

Se sitúa frente al Convento de San Francisco, sobre el solar donde se levantaba el antiguo Palacio de los Almirantes de Castilla, destruido por un incendio en el siglo XIX.

El parque se organiza en cuatro calles o paseos que convergen en una glorieta central. Allí se encuentra una fuente, restaurada recientemente para recuperar la fisonomía histórica de la conocida “Fuente de la Flora”.

El Teatro Principal María Luisa Ponte es el teatro municipal de Medina de Rioseco. Ocupa un edificio histórico que pertenece al conjunto cultural de la ciudad y que ha sido recuperado para uso escénico y cultural.

Su estructura original se construyó hace más de 140 años en los muros de un antiguo convento desamortizado del siglo XIX. Durante un siglo funcionó como teatro y cinematógrafo hasta que cerró en 1960. Más tarde el edificio quedó en desuso hasta que, en 1984, comenzaron las obras de rehabilitación para devolverle su función cultural.

La rehabilitación fue un proyecto ambicioso que respetó al máximo los elementos originales. Conserva columnas de madera del teatro antiguo y los pretiles de los palcos tradicionales. Al mismo tiempo, se incorporaron estructuras modernas que permiten su uso como espacio cultural polivalente.

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