Visitar el castillo de Trujillo es dominar todo el pueblo desde lo alto de una colina. A muchos os sonará porque fue escenario de Juego de Tronos, donde apareció como Roca Casterly. Ese detalle añade un punto especial al recorrido y convierte la visita en algo más que un simple paseo por un castillo medieval. De todas maneras, tiene suficiente historia a sus espaldas como para ser único sin necesitar nada más. En este post te cuento todo lo que necesitas saber para visitarlo.

  • Horario de invierno: de 10 a 14h. y de 16:30 a 19h.
  • Horario de verano (hasta el 15 de agosto): de a 10 a 14h. y de 17:30 a 20h.
  • Individual: 2€.
  • Grupos de 10 o más personas: 1.50€.

El castillo de Trujillo nació en el siglo IX. Lo levantó una tribu bereber como fortaleza defensiva en lo alto del cerro Cabeza del Zorro. Su ubicación permitía controlar toda la llanura y proteger el asentamiento.

Durante la Edad Media, el castillo tuvo un papel clave en conflictos internos. Sirvió como refugio y como lugar seguro para guardar bienes de la Corona. En uno de esos episodios, Juana la Beltraneja se refugió aquí durante la guerra por la sucesión de Castilla, buscando protección entre sus muros.

La fortaleza pasó definitivamente a manos cristianas en 1233, tras la conquista dirigida por las tropas de Fernando III. Con el tiempo, Trujillo creció y obtuvo el título de ciudad en 1430.

En siglos posteriores el castillo sufrió abandono. Guerras, invasiones y cambios políticos dejaron huella en la estructura. Pese a ello, la solidez de la construcción permitió que llegara hasta nuestros días. Fue declarado monumento histórico-artístico en 1925. En 1929 el ayuntamiento lo adquirió y comenzó así una etapa de conservación.

Hoy es posible recorrer sus torres, muros y antiguos aljibes, además de la zona del albacar. Cada rincón recuerda su pasado militar y la importancia que tuvo en la historia de Trujillo.

El castillo se construyó en el siglo IX sobre el cerro Cabeza del Zorro. Su función fue siempre militar y nunca residencial. Por eso no tiene torre del homenaje ni salas nobles. La estructura está pensada para resistir ataques, no para ofrecer comodidad.

El conjunto se organiza en dos recintos. El primero es el Patio de Armas. Tiene planta casi cuadrada y está rodeado por unas veinte torres prismáticas. La entrada principal tuvo un arco de herradura en origen. Dentro había aljibes para almacenar agua, algo clave para la defensa.

El segundo recinto es el albacar. Es una ampliación posterior y su planta es irregular, casi hexagonal. Esta zona servía para establos, almacenamiento y servicios. En el siglo XVI se levantó dentro una pequeña ermita dedicada a San Pablo.

Los muros muestran un uso claro de materiales muy variados. Se reutilizaron sillares romanos mezclados con mampostería y lajas de pizarra. En algunas piedras aún se aprecian inscripciones antiguas. La mezcla de materiales ayudó a crear una estructura sólida sobre un terreno exigente.

El castillo destaca por su carácter cerrado. Tiene muy pocas ventanas y pocas saeteras. La idea era blindar el interior ante cualquier ataque. Con el tiempo también se hicieron cambios. En el siglo XVI se reformó la entrada y se añadió una bóveda entre dos torres para colocar una imagen religiosa.

Hoy la fortaleza conserva su aspecto robusto y militar. Sus torres, muros y aljibes muestran la evolución del edificio y cómo se adaptó a las necesidades defensivas de cada época.

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