Qué ver en Trujillo, Cáceres: guía para no perderte nada

Trujillo es uno de los pueblos más bonitos de España. Está en Cáceres, Extremadura, y tiene un patrimonio que sorprende. Es la cuna del conquistador Francisco Pizarro y fue escenario de la afamada serie Juego de Tronos. Sin duda, Trujillo merece una visita, y en este post te cuento todo lo necesario para que la hagas.

Trujillo está en el este de la provincia de Cáceres, en la comunidad autónoma de Extremadura. Pertenece a la comarca de Miajadas-Trujillo. 

Para llegar a Trujillo en coche:

  • Desde el norte de España (Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco o Castilla y León): lo mejor es bajar hasta Salamanca o Ávila y desde ahí tomar la A-66 en dirección a Plasencia y luego enlazar con la A-58 hacia Trujillo. Otra opción es bajar hasta Madrid y continuar por la A-5.
  • Desde el sur:
    • desde Andalucía occidental (Sevilla, Huelva o Cádiz): toma la A-66 en dirección norte hasta Mérida y luego la EX-206 hasta Trujillo.
    • desde Andalucía oriental (Granada, Almería, Málaga o Jaén): conviene subir por la A-92 y enlazar con la A-66 pasando por Córdoba.
  • Desde el este:
    • desde la Comunidad Valenciana, Murcia o el este de Castilla-La Mancha: lo más directo es tomar la A-3 hasta Madrid y luego continuar por la A-5 hacia Extremadura.
    • desde Zaragoza o Cataluña: puedes bajar por la A-2 hasta Madrid y después seguir por la A-5.
  • Desde el oeste: desde Portugal, puedes cruzar por Badajoz o Valencia de Alcántara.

Los primeros restos humanos hallados en la zona pertenecen al Neolítico. Por su situación elevada y estratégica, fue un lugar habitado desde tiempos antiguos.

Durante la dominación romana, Trujillo fue conocida como Turgalium. Formaba parte del conventus emeritensis, con centro en Mérida. No era una ciudad grande, pero sí un asentamiento importante en las rutas entre Augusta Emerita (Mérida) y Caesarobriga (Talavera). Se han encontrado lápidas, monedas y restos de villas romanas en sus alrededores. La zona tenía tierras fértiles y buenas conexiones, lo que favoreció el comercio y la agricultura.

En el siglo VIII, los musulmanes ocuparon la península y también Trujillo. Fortificaron el cerro con una muralla defensiva y construyeron el primer castillo. Trujillo pasó a ser una medina fortificada, de nombre Torgiela, dentro del reino de Badajoz. Durante más de 400 años, fue una plaza fronteriza muy disputada. A pesar de los continuos asedios cristianos, resistió hasta el siglo XIII.

En 1232, las tropas cristianas conquistaron la ciudad. La tomó Fernando III el Santo, aunque fue Alfonso X quien consolidó su control. A partir de entonces, Trujillo pasó a ser tierra de realengo y creció rápidamente. Las órdenes militares, como la de Santiago, ayudaron a repoblar la ciudad. Se reconstruyó el castillo, se fundaron parroquias y se establecieron nuevas leyes. La ciudad se organizó en torno a sus iglesias y se convirtió en núcleo administrativo y defensivo.

Durante los siglos XV y XVI, Trujillo vivió su mayor esplendor. Fue el lugar de nacimiento de varios conquistadores famosos: Francisco Pizarro, Francisco de Orellana y Diego García de Paredes. 

Muchos trujillanos se embarcaron rumbo a América. Los que regresaron con fortuna, los llamados indianos, construyeron palacios, iglesias y casas nobiliarias. La Plaza Mayor y los alrededores se llenaron de arquitectura renacentista. El poder económico y social creció. Trujillo era sinónimo de riqueza, influencia y prestigio. La nobleza local tenía títulos, tierras y conexiones con la corte.

A partir del siglo XVII comenzó un periodo de declive. Las guerras, las pestes y la centralización política hicieron que Trujillo perdiera influencia. El comercio con América disminuyó y la población se redujo. Sin embargo, la ciudad mantuvo su importancia como cabeza de comarca. Sobrevivió gracias a la agricultura, la ganadería y algunas industrias artesanales.

Durante el siglo XIX, se vivieron conflictos como la Guerra de la Independencia y las Guerras Carlistas. 

Durante el siglo XX, Trujillo pasó de ser un centro agrícola a un destino turístico. A partir de los años 70 comenzaron las primeras iniciativas de conservación. Muchos edificios históricos fueron restaurados. Se crearon museos, se abrieron al público iglesias y palacios, y se impulsó la oferta cultural.

Hoy Trujillo es un referente en turismo patrimonial: su casco histórico está declarado Bien de Interés Cultural. 

Es el corazón de Trujillo. Rodeada de palacios de piedra y soportales, es una de las plazas más bonitas de España. En el centro verás la estatua ecuestre de Francisco Pizarro, hecha en bronce.

También se encuentra el Palacio de la Conquista, mandado construir por Hernando Pizarro, hermano del conquistador. Su fachada muestra escudos, balcones y relieves que mezclan símbolos españoles e indígenas.

Impresiona por su altura y por su ubicación elevada en la plaza. Fue construida entre los siglos XV y XVI. Dentro hay varias capillas y detalles de estilo gótico y renacentista.

Su torre se puede visitar. Desde arriba se ve toda la plaza y parte del casco antiguo.

En lo alto del cerro. Fue construido por los árabes en el siglo IX y ampliado después por los cristianos. Tiene murallas, torres y un aljibe.

Desde sus almenas se ve todo Trujillo, los campos de alrededor y, en días claros, hasta la sierra. La entrada cuesta muy poco y merece la pena.

Está cerca del castillo, en la parte más alta del pueblo. Es de origen románico con reformas góticas. Su interior es sencillo, pero guarda un retablo flamenco y unas vistas espectaculares desde su torre.

La iglesia de Santiago, del siglo XIII, combina románico y gótico. Tiene una sola nave y un retablo barroco. Fue templo clave en la repoblación cristiana.

En la parte alta del recinto amurallado se encuentra la Iglesia de la Vera Cruz. Es un templo del siglo XVI, sencillo y de una sola nave. Su fachada de piedra, sin apenas adornos, refleja la austeridad de la época.

Justo delante está la antigua alberca medieval. Era un gran depósito de agua al aire libre, usado por los vecinos y el ganado. Este sistema garantizaba el abastecimiento dentro de la ciudad amurallada.

Trujillo conserva gran parte de su recinto amurallado. Puedes pasear junto a ellas y ver puertas como la de Santiago, San Andrés o el Arco del Triunfo. Algunas aún se usan como paso entre calles.

En todo el centro verás palacios y casas nobles. Muchas tienen escudos, torres, patios interiores o balcones de hierro forjado. Algunas están habitadas, otras se usan para turismo.

Fíjate en los detalles. Cada casa cuenta una historia.

La Casa Museo de Pizarro está en el casco antiguo de Trujillo. Es una vivienda del siglo XV donde nació el conquistador del Perú. Hoy muestra objetos, mapas y una exposición sobre la conquista y el papel de Trujillo en América.

Está justo detrás de la iglesia de Santa Clara. Ofrece una vista preciosa de la plaza, los tejados y el perfil monumental del pueblo.

Trujillo también es conocido por sus celebraciones. Si puedes, visita el pueblo durante una de estas fechas:

  • Semana Santa: tiene procesiones sencillas y muy sentidas. Es una fiesta declarada de Interés Turístico Regional.
  • El Chíviri: es la fiesta más alegre. Se celebra el Domingo de Resurrección. La gente se viste con trajes típicos, canta, baila y toma vino en la plaza.
  • Feria Nacional del Queso: en mayo. Reúne a productores de toda España. Puedes probar y comprar quesos de todas las variedades. Es muy popular y se llena de ambiente.

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2 comentarios

  1. Qué preciosidad, siempre he tenido ganas de conocer Trujillo pero al leer tu maravilloso post tengo aún más ganas.

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