Visita Riocorvo: arquitectura, patrimonio y paseo por su historia

Riocorvo está en el centro de Cantabria. Es un pueblo pequeño, pero con mucha historia. Su conjunto urbano está protegido por su valor cultural. Las casas están construidas en línea, una junto a otra. Aunque tienen estilos distintos, mantienen la armonía. Muchas se levantaron entre los siglos XVII y XVIII. Este trazado tan ordenado refleja su pasado noble y también muestra cómo ha cambiado su arquitectura con el tiempo. Caminar por sus calles es como volver al pasado, ya que su esencia aún se mantiene.

Riocorvo es una pequeña localidad perteneciente al municipio de Cartes (comarca de Besaya), en la comunidad autónoma de Cantabria, al norte de España. Su cercana ubicación a la autovía A-67 (que conecta la Meseta con la costa cántabra) lo convierte en un destino accesible desde diferentes puntos del país:

  • Desde el norte (Asturias, Galicia):
    • Desde Asturias: toma la A-8 en dirección a Santander. En Torrelavega, enlaza con la A-67 hacia Palencia y sal en la salida 185 (Riocorvo).
    • Desde Galicia: por la A-6 hasta la A-8 y sigue la misma ruta anterior.
  • Desde el sur (Madrid, Castilla-La Mancha, Andalucía):
    • Desde Madrid: A-1 hasta Burgos y después A-67 en dirección a Santander. Salida 185 (Riocorvo).
    • Desde Castilla-La Mancha o Andalucía: Conecta con la A-1 en dirección a Burgos o la A-62/A-67 en dirección a Palencia-Torrelavega. Desde ahí, sigue la A-67 hasta la salida 185.
  • Desde el este (País Vasco, Navarra, Aragón, Cataluña):
    • Desde País Vasco: por la A-8 hasta Torrelavega, luego enlaza con la A-67 hacia Palencia. Sal en la salida 185.
    • Desde Zaragoza o Barcelona: A-2 hasta Medinaceli, luego A-15, A-231 o A-62 hacia Burgos y después la A-67 hasta Riocorvo.

Riocorvo no es grande, pero guarda muchos rincones con historia. Cada edificio tiene algo que contar. Sus casonas, su iglesia y otros espacios hablan de un pasado noble y tranquilo. A continuación, te cuento cuáles son los más destacados y qué hace especial a cada uno.

Casona de los Púlpitos: esta casona fue levantada a finales del siglo XVIII por doña Manuela Fernández Caballero. Servía como vivienda y también para negocios. Tiene dos pisos cerrados y una planta superior abierta con una galería larga dividida en cinco partes. Es un edificio grande, bien construido y con un detalle muy curioso: dos soportes tallados, parecidos a púlpitos, que sujetan los balcones del segundo piso.

Casona de los Vargas: esta vivienda es un ejemplo de casa sencilla del siglo XVI. Aún se conserva parte del soportal, el arco de entrada y el espacio que servía de cuadra, que en su origen se compartía con la zona de vivienda. Un siglo más tarde se añadió una planta superior. En esta casa vivió doña María Sánchez de Vargas, madre del primer marqués de Mercadal.

Casa de los Haro (Casona Alonso): esta casa parece haber sido parte de un conjunto junto a la Casona-Palacio de los Alonso Caballero, que está a su izquierda. Es un claro ejemplo del buen trabajo de los canteros de Cohicillos. Tiene tres pisos hechos con piedra labrada y detalles como ménsulas, cornisas y balcones con orejeras. También cuenta con galerías abiertas en la segunda y tercera planta. El escudo, más pequeño que en la casona, está tallado bajo el alero en el lado derecho. Muestra las armas de la familia Alonso. La casa se construyó a mediados del siglo XVIII por esta familia, que tenía varios negocios en Cádiz.

Casona-Palacio de los Alonso Caballero: este edificio es el más importante del pueblo, con una fachada sólida y un escudo grande que destaca en el centro. Muestra cómo las ganancias de los negocios en Andalucía influyeron en la arquitectura local a mediados del siglo XVIII. Tiene forma rectangular y tres plantas. En la planta baja hay un zaguán con un arco de medio punto, y los dos pisos superiores tienen balcones. Fue construido por don Juan Manuel Alonso Caballero, miembro del Santo Oficio. De esta casa han salido personas destacadas, como el historiador Eduardo de Jossué.

Casona del Licenciado D. Antonio Bustamante: este edificio es de gran calidad y tiene muchos detalles decorativos. Se construyó alrededor de 1760, por iniciativa del religioso don Francisco de Bustamante Calderón, que provenía del solar de Belmonte, una torre fuerte de su familia en Cohicillos. En la planta baja destacan dos arcos de medio punto que cierran el zaguán, donde está la puerta de entrada a la casa y un cuarto lateral. En la planta superior hay un balcón de hierro con protección contra el viento. Las puertas y ventanas tienen remates llamados orejeras, y el escudo del balcón está enmarcado por dos hornacinas.

Capilla de San José (iglesia parroquial): la iglesia de San José se encuentra en el centro del pueblo, justo entre dos casas. Fue construida en 1804 con un estilo sencillo y antiguo. Su promotor fue don José Vélez de Cossío, y su hermano don Francisco, vicario general de la Orden de San Juan y capellán del rey, aportó gran parte del dinero.

Casona de los Vélez: este edificio tiene una forma especial alrededor de un patio. Conserva partes de su construcción original del siglo XVI. Durante los dos siglos siguientes, los edificios que rodean el patio se mejoraron y reconstruyeron. Se levantó una fachada nueva, más adelantada hacia la calle que la original. Fue la casa principal de la familia Vélez y, luego, pasó por herencia a la familia Díaz Lavandero.

Casona de Portilla Tagle (Casona de Velarde): esta casa se construyó a finales del siglo XVII. En el siglo XVIII, don José Gregorio de la Portilla Cevallos y doña Rosa Gómez-Carandía Tagle-Bracho, sobrina del conde de Casa Tagle, añadieron una tercera planta. Ellos tenían un negocio de importación de vinos desde Nava del Rey. De esta familia también fueron don Antonio y don Manuel Bernaldo de Quirós, fundadores del Monasterio de Viaceli en Cóbreces.

Beaterio de San Lázaro: la primera mención del Hospital de San Lázaro, también llamado Casa de San Lázaro o Malatería, data de 1564. Se cree que Riocorvo se fundó posiblemente en el siglo XIV como un lazareto. En 1694, ya se menciona como un beaterío de la orden tercera de Santo Domingo, vinculado al convento de Nuestra Señora de las Caldas. El edificio actual es una casa del siglo XIX, que fue la antigua casa rectoral y sigue siendo propiedad del Obispado de Santander.

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