Quizás no lo sabías, pero la ciudad de Teruel alberga una muralla con una gran historia. Puede que no sea de las más conocidas de nuestro país, pero te aseguro que te encantará visitarla y descubrir de primera mano todo lo que esta construcción defensiva ha presenciado. En este post, te cuento datos interesantes sobre ella y todo lo que necesitas saber para tu visita.
Dónde está
Horario
Todos los días de 11 a 14h. y de 17 a 19h. En agosto horario especial 10 a 14h. y de 16.30 a 20.30h.
Los días 1 y 6 de enero la apertura será a las 12h
Cerrado los días 24 y 25 de diciembre.
Precios
- Adultos: 1,20€.
- Niños de 7 a 14 años: 0,90€.
Se puede visitar conjuntamente con los aljibes. El precio entonces sería de:
- General: 2,20€.
- Reducida: 1,70€.
Historia de la muralla de Teruel
La muralla de Teruel tiene su origen en tiempos medievales. Su construcción comenzó en el siglo XIII, cuando la ciudad necesitaba una defensa sólida contra los ataques enemigos. En aquel entonces, Teruel era un enclave estratégico entre los reinos de Aragón y Castilla, lo que la convirtió en un punto clave durante numerosas batallas.
Durante el siglo XIV, la muralla fue ampliada y reforzada para resistir mejor los asedios. En ese período, se construyeron torres defensivas y se perfeccionó el trazado de las puertas de acceso. La importancia de la muralla quedó demostrada durante la guerra de los Dos Pedros (1356-1369), en la que Teruel sufrió el ataque de las tropas castellanas.
Con el paso de los siglos, la muralla perdió su función defensiva y muchas de sus secciones fueron desmontadas o reutilizadas en nuevas construcciones. Sin embargo, todavía se conservan importantes vestigios de esta estructura que nos permiten imaginar la ciudad medieval en todo su esplendor.

La muralla
La muralla de Teruel es un ejemplo destacado de la arquitectura defensiva medieval. Se construyó principalmente entre los siglos XIV y XV utilizando una técnica mixta de mampostería. Este método combinaba piedra, ladrillo, cal, arena y agua para crear muros sólidos y resistentes.
Si analizamos su estructura, podemos ver que los muros se levantaron con un sistema de doble pared. En el exterior, se usaron bloques de piedra bien colocados, mientras que el interior se rellenó con adobe y ripios de distintos tamaños. Esta técnica permitió construir murallas gruesas y difíciles de derribar.
La muralla de Teruel contaba con siete puertas de acceso, divididas en principales y secundarias:
- Puertas principales: Zaragoza, Valencia, Guadalaviar y Daroca.
- Puertas secundarias: portal Nuevo, portal de San Miguel (también llamado de la Traición o de Los Arcos) y El Postigo.
A lo largo de la muralla de Teruel se conservan cuatro torres, cada una con características únicas:
- Torre de San Esteban: ubicada cerca del desaparecido portal del mismo nombre. Es ultrasemicircular y construida con sillarejo.
- Torre de Ambeles: de planta estrellada, destaca por su calidad constructiva, aunque ha sufrido transformaciones.
- Torre Lombardera: situada junto al portal de San Miguel, tiene ángulos achaflanados y una forma semioctogonal.
- Torre del Rincón: asociada a un tramo de la muralla, su base es rectangular.
Dentro del Centro de Interpretación de la Muralla de Teruel se pueden ver dos torres adicionales:
- Torre del Agua: adaptada en el siglo XVI para facilitar el transporte de agua a la ciudad.
- Torre del Patíbulo: originalmente construida con tapial, fue recubierta con mampostería para armonizar con la estética de la muralla.

La leyenda de la Puerta de la Traición
Según la tradición, durante la guerra de los Dos Pedros, un ejército castellano asedió Teruel. La ciudad, bien fortificada, resistió los ataques, pero pronto los alimentos comenzaron a escasear y el temor se apoderó de los habitantes.
En ese momento crítico, Gil Torres, un juez de la ciudad, decidió pactar en secreto con el enemigo. A cambio de su seguridad personal, permitió la entrada de las tropas castellanas el 3 de mayo, día de Santa Cruz. Pedro I de Castilla tomó Teruel sin apenas resistencia.
El monarca castellano quedó tan complacido con su victoria que no impuso castigos severos a los turolenses y les permitió seguir con sus costumbres. Sin embargo, antes de partir, los soldados saquearon la ciudad y se llevaron los pendones y banderas ganadas en batalla.
Cuando Pedro IV de Aragón se enteró de la traición y el saqueo, se enfadó con los habitantes de Teruel y les retiró los fueros. Con el tiempo, y tras múltiples súplicas, el rey los restituyó, pero el pueblo nunca perdonó al juez Gil Torres, quien huyó con los castellanos y evitó cualquier castigo.

